Acostada pacíficamente
sobre su cama con rojas flores
la tigresa se extiende
en una sensual elongación.
Baña su cuerpo desnudo
la débil luz del velador,
y flota en el aire
una suave melodía de Serrat.
Pendiente de la llegada
de su amante,
se excita y alborota.
Esparce sobre sus lunas
perfumados pétalos ,
y toda ella tiene el aspecto
de una diosa bronceada.
En sus manos aprieta,
un tótem , un menhir ,
que besa y lo recorre
en todo su meridiano.
Y ella es volcán
que esparce su lava
cuando trepa a su clímax....




Hermosas palabras llenas de sensualidad.
ResponderSuprimirAbrazos.